Carta del Obispo

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Sal de la tierra, luz del mundo
5 febrero, 2017

La misión del cristiano es, por tanto, dar sabor y buen gusto a todo lo bueno que hay en el mundo. Es tarea suya preservar lo bueno sin que se estropee nunca. Jesucristo no ha venido a quitarnos nada bueno, sino a darle sabor, para que pregustemos la vida que no acaba junto a él para siempre.